¿Por qué siempre me pasa lo mismo?, ¿Sabía que iba a terminar así?, o ¡Ves, lo que te decía!, son frases que utilizamos para reafirmar sucesos que nos habíamos atrevido a predecir para el futuro. Algunos podrían ser ciertos, e iban a ocurrir independientemente de nuestros actos, pero hay muchos otros que responden al fenómeno de “Profecía Autocumplida”.

El término, “profecía autocumplida” comenzó a utilizarlo el sociólogo Robert K. Merton, en 1964 en su libro Teoría y Estructura Social haciendo alusión a ésta “como una definición falsa de la situación, que evoca un nuevo comportamiento. Haciendo que esa falsa concepción de la situación, se vuelva verdadera”. Mertón se basó en el el efecto Pigmalión dónde las expectativas que se depositan  en un sujeto. Tanto por uno mismos como por los demás son asumidas por éste como concepto de sí mismo e influyen en su conducta.

Para entender mejor la profecía autocumplida,

vamos a recurrir al recuerdo de alguna situación. Más de una vez le habrá ocurrido el hecho de ir pensando que alguien le va a tratar de forma descortés o agresiva y comienza una situación de ansiedad (hacia la huida o el enfrentamiento). Ante la posibilidad que eso ocurra. Según se va acercando el momento, vamos preparándonos para encajar o pelear esa posibilidad “falsa e inventada” de lo que va a ocurrir. De tal forma que en el momento que existe el contacto con esa persona, la postura no es relajada y de confianza. Sino todo lo contrario, es una postura de defensa o miedo ante un posible ataque lo que provoca que la persona que recibe ese trato, acabe siendo descortés o agresiva.  Una vez concluido el evento, la persona verá reafirmada sus predicciones sobre el nefasto suceso, sin ser consciente de haberlo provocado.

Por ejemplo,

ante la creencia de que uno de los compañeros esta enfadado con nosotros, (sin ser cierto), por algo que ha ocurrido. Nuestra conducta no va a ser la misma. Algunos, intentarán evitar el encuentro con esa persona (que creen que está enfadada) y otros se dirigirán a él en tono de defensa, como: “¡oye que no hay que hacer un mundo!, ¡ya lo se! …, o quizás nuestro pensamiento comenzará a maquinar frases del estilo: ¡bueno, la que se va a liar!, ¡pues no me va a amedrentar!, ¡si se enfada, que se aguante!. ¡No me conoce cuando me enfado yo!, ¡Cuando le vea se va a enterar!. Y un sin fin de frases que sin tener una certeza de su veracidad se convierten en caldo de cultivo para provocar aquello que inicialmente se creía como verdadero. Al final, el comportamiento después de tanta elaboración hacia el enojo, se torna en enfado real.

En el área educativa

Por ello, en todas las áreas puede suponer un inconveniente o una ventaja  el fenómeno de profecía autocumplida, y en el mundo educativo este efecto puede suponer un gran sesgo a la hora de adentrarnos en los resultados académicos e incluso de comportamiento de alumnos que han sido etiquetados, y se han generado unas expectativas específicas (ya sean constructivas o destructivas) por parte de un profesor. Esto ocurre tanto ante la profecía de algo fatal, como de algo extraordinario. Desde la perspectiva constructiva, cuando un profesor cree en el alumno y se marca unas expectativas de éxito personal y académico, este hecho puede suponer un gran impulso para el futuro de ese alumno.

En las relaciones de pareja este efecto de profecía autocumplida juega realmente malas pasadas, en situaciones, como los celos, las interpretaciones de lo que vemos en la pareja, y la expectativa errónea o relativa, que marcamos hacia la pareja, puede provocar que efectivamente acabe ocurriendo aquello en lo que la obsesión no dejaba paso al fluir natural de las cosas.

Es importante percibir todos los sucesos de forma constructiva, e intentar que nuestras expectativas estén de nuestro lado, de esa forma se estará más cerca de cumplir con ellas.

 

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