“Los celos me matan”, son una de las cuestiones más repetidas en las relaciones personales, de amistad, laboral, familiar o de pareja.

Es una emoción suscitada por el miedo, creencia o intuición,  a perder una relación por la intrusión de una tercera persona, ya sea ésta real o imaginada.

Los celos pueden entenderse de forma sana, como una forma de prevenir la pérdida de un ser querido, pero si se tornan en irracionales, repetitivos, y se gestionan desde la desconfianza se convierten en patológicos. Es ahí cuando la persona que los sufre como aquella que los recibe, sufren una serie de reacciones no recomendables

 La repercusión que los celos tienen hacia quién los sufre se experimenta en varios planos,

A nivel emocional por qué los celos me matan

se puede llegar a desarrollar un importante nivel de ansiedad, depresión y agresividad, llegando a imponer un estilo de vida insufrible para ambas partes.

Desde el punto de vista cognitivo,

es decir, de pensamiento, inducen a rumiaciones poco recomendables, es decir, pensamientos intrusos que son incapaces de ser controlados y se repiten una y otra vez sin control. Estos pensamientos si no se llegan a gestionar de forma adecuada, desembocan en emociones y conductas destructivas que a veces llegan a ser irreversibles.

Y con respecto al plano conductual los celos perjudican

los celos me matan y empujan a realizar ciertas conductas de vigilancia y persecución que llegan a convertirse en rituales compulsivos tornándose en una amenaza importante para las dos partes.

Este trastorno tiene un tratamiento desde la terapia cognitivo-conductual que trabaja desde el pensamiento, la conducta y la emoción. Podemos gestionar la emoción trabajando desde las rumiaciones y pensamientos obsesivos repetitivos. Actuando a la vez sobre la conducta, siguiendo ciertas pautas que consigan llegar a dar tranquilidad.

Por qué vienen los celos

En muchas ocasiones los celos me matan y están vinculados muy estrechamente a problemas de autoestima, a complejos que la persona va acumulando y generan falta de confianza en uno mismo y por tanto en los demás.

También entra en juego patrones de conducta de creencias erroneas mal aprendidos, como por ejemplo, “No quiere venir conmigo al cine, eso es que no me quiere”, derivando en suposiciones irreales como : “eso quiere decir que está con otra persona”

Cuando de pequeños aprendemos pautas como : “¡Si no haces lo que te digo, es que no me quieres!” o “¡si no estás conmigo, es que no me aprecias! . Esta asociación se convierte en peligrosa y dañina según va creciendo la persona, generando un vínculo inmaduro y dañino entre las personas que lo sufren.

Es importante no confundir el control y posesión con el cariño. O la libertad de sentir y de pensar con el compromiso hacia otra persona. Es importante aprender a compartir con otra persona pero no desde el control y la posesión, sino desde la libertad, la confianza y el respeto.