La palabra fracaso no debería de existir, o al menos no, el significado que se le atribuye.

El miedo al fracaso hace que el nivel de ansiedad experimente un elevado impulso cuando nos enfrentamos a la tarea a la que tememos fracasar. A veces y en el peor de los casos no se trata de una tarea sino de un estado generalizado, es entonces cuando se convierte  en una frustración constante, ya sea laboral, personal, o de pareja.

Es un error identificar Fracaso = Frustración

Curiosamente la RAE contempla en su definición de fracasar lo siguiente: “Dicho de una pretensión o de un proyecto: frustrarse”. Ya en su definición dirige el objetivo a la emoción a la que tiene que ir ligado, es decir, fracasar = frustarse. Si fracaso tengo que frustrarme y sentirme derrotado.

Pero ¿qué es el fracaso?, en realidad es tomar una decisión o participar en algún evento y que el resultado no sea el esperado. ¿realmente merece la pena el sufrimiento que genera pensar en el fracaso?, la mayoría de las veces, la consecuencia de ese llamado “fracaso” no es tan grave como pensábamos. Ese fracaso es sobrevalorado, temiendo que las consecuencias sean espantosas, cuando la realidad finalmente en su gran mayoría no suele ser tan catastróficas

En definitiva, un fracaso es un resultado no esperado.

O quizás un resultado que no nos gusta. Pero fracaso tal y como lo entendemos  implica, desánimo, miedo, paralización, cobardía, y cientos de significados todos peyorativos, cuando en realidad, un fracaso es un refuerzo para afianzarse, reforzar y conseguir el éxito.

La presión que implica el miedo al fracaso, o a no dar la talla genera un nivel de ansiedad que hace que todo aquello que nos rodea esté en nuestra contra, nos hace vulnerables y genera incertidumbre, pero sobre todo mina nuestra autoestima y nuestra confianza en nosotros mismos.

Habría que dejar de utilizar la palabra fracaso si realmente queremos avanzar.

Estaría bien sustituirla por “esta vez no he tenido el resultado esperado, para la siguiente lo haré de otra forma” o “no pasa nada, voy seguir intentándolo”, o quizá “esto no ha salido, lo probaré de otra forma”

Algo tan simple como pensar que podemos equivocarnos nos llena de intranquilidad y desconfianza. Para conseguir llegar es importante aprender a caer, saber cómo levantarse y conocer la forma de arremeter nuestro objetivo fortalecidos tras esa caída.

Es importante atreverse a asumir un mal resultado,

y no por ello nos convierte en menos válidos, o en inútiles. Lo importante es saber levantarse para continuar andando. Es más fácil conseguir el éxito si asumimos la posibilidad de que las cosas nos salgan mal, que si vivimos atemorizados ante la posible situación de “fracaso”.

El temor al fracaso nos empuja a evitar o a huir de situaciones por no enfrentarnos a un resultado no deseado, pero si no hubiera fallos, no habría éxito, para llegar al éxito es importante asumir los posibles errores y aprender a fortalecer desde el ánimo, no desde el desánimo, de esta forma se evitarían situaciones de ansiedad, estrés o depresión provocadas por el miedo a no dar la talla y querer demostrar todo lo que uno vale.

¿Cuántas figuras del deporte, del arte o la cultura han sido rechazadas repetidamente antes de convertirse en grandes fenómenos?

Henry Ford y sus dos primeras empresas sin éxito, Einstein al que le dijeron que no llegaría a nada, Disney al que ridiculizaron en su primer trabajo desastroso por falta de creatividad, o las 12 editoriales que rechazaron el manuscrito de Harry Potter de J.K. Rowling y otros muchos. ¿Miedo al fracaso? ¿por qué? Atreverse a fracasar para conseguir aquello que uno desea, ese es el objetivo. Abrazar la posibilidad de fracaso para visualizarla y tenerla como aliada para que cuando esa posibilidad se presente como real podamos gestionarla de forma airosa.

La palabra fracaso no debería existir, o al menos, no el significado que se le atribuye.

Muchas de las teorías sobre la depresión, entre ellas la descrita por Beck, atribuyen esta enfermedad a la adquisición de esquemas desadaptativos basados en la pérdida o el fracaso sobre uno mismo, provocando una percepción distorsionada de la realidad que lleva a la frustración, tristeza y finalmente depresión.

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Aquí muestro un video de una figura del deporte que no identificó su caída con el fracaso para desanimarse y abandonar, sino con el esfuerzo y la actitud de seguir hacia adelante, siempre siguiendo el objetivo “llegar a la meta”

 

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