¿Cómo ser feliz? una de las preguntas más repetidas en los buscadores de Google, seguramente la más cuestionada a lo largo de la historia de la humanidad. Todos nos hemos hecho alguna vez esa pregunta quizás formulada de diferentes formas.

Pero la felicidad más que un objetivo debería de ser visualizado como un hábito.  Por norma general nos planteamos metas a corto medio y largo plazo para conseguir llegar a lo que llamamos “felicidad”, buscando pequeños o grandes condicionantes para ser felices. Es decir, algo así como, “cuando apruebe la carrera entonces podré estar tranquila y estar bien”, o “cuando encuentre pareja podré conseguir la plenitud” o incluso “cuando me operen y me quiten mis males, podré respirar con tranquilidad”.

Pues bien, todo son excusas para retrasar nuestro bienestar, ¿Por qué hacemos tal cosa en vez de entregarnos al bienestar? ¿por qué esperamos a que ocurra una desgracia para cambiar nuestras prioridades y ver la vida de otra forma?

Hay muchas razones por las que llegar a ser feliz se convierte en un muro insalvable a ojos de quién no lo es o no lo ha experimentado nunca. La mayoría de las veces son creencias erróneas que nos llevan a emociones poco aconsejables, o también estados de incertidumbre que provocan malestar ante la previsión de algo malo que puede ocurrir. O simplemente el ansia de conseguir la perfección y el control de las cosas de forma continua que impide que se pueda disfrutar de los pequeños detalles o avances que se consiguen en cada minuto que pasa.

Y qué podemos hacer para avanzar hacia un estado más sano, más feliz

Buscar las creencias erróneas que nos llevan al malestar,

es decir, aquellos pensamientos que hacen que nos sintamos mal. Como por ejemplo, “si hablo mucho van a pensar que soy una pesada”, o “si hablo poco van a darse cuenta que soy una sosa”. “Estar sin pareja es lo peor que te puede pasar en la vida”, o también “estar casada es lo peor que hay en el mundo”. Busca aquellas creencias que te hacen sufrir y plantéate si son reales de verdad. La mayoría son falsas y dañinas y la consecuencia es el castigo.

Dejar de pensar que lo que va a ocurrir es malo, es clave.

El hecho de adelantarse a los acontecimientos de una forma negativa nos lleva a que las emociones también lo sean. Es importante saber enfrentarse a aspectos negativos que ocurren en la vida, como la enfermedad, la muerte de un ser querido o las rupturas, pero si la previsión constante de lo que puede ocurrir es mala, nuestra actitud será de preparación para esa situación pudiendo provocar lo que se conoce como profecía autocumplida. Ser realista no es igual al famoso refrán de piensa mal y acertarás, aquél refrán no es muy válido si quieres mantener la salud mental. Disfruta del “aquí y ahora”.

Mirar en la dirección de lo que te llena no de lo que te vacía

Cuando uno está en el camino del malestar, todo se ve con el filtro oscuro, y cualquier situación se interpreta desde el malestar. Nuestro cerebro adquiere costumbre muy fácilmente, y al igual que adquiere las costumbres que nos hacen mal, puede aprender a utilizar las costumbre que nos hacen sentir bien. Entrena a tu mente a buscar entre lo bueno que has vivido cada día y deja de buscar que es lo malo que ha pasado hoy para lamentarlo durante un tiempo.

Admite la posibilidad de cometer algún error. Olvídate de la palabra fracaso.

Nos han enseñado a castigarnos por las cosas que no salen como queríamos. Incluso nos atrevemos a llamarlo fracaso, una palabra espantosa de la que ya escribimos en otro artículo. Empecemos a utilizar el famoso boli verde en vez de señalar en grande el fallo con el boli rojo. Los errores sirven para aprender no son para castigarse. Y lo peor no eso, lo peor es que los aciertos extraordinarios que realizamos diariamente pasan por alto sin ser vistos ni sentidos, cuando los que deberíamos de visualizar son los éxitos y celebrarlos, creciendo y tratando de aprender de los resultados fallidos.

Es importante la compañía para ser feliz

Imagínate si te suben a un tren que va a viajar a lo largo del mundo y no sabes el tiempo que dura el trayecto, ¿te sentarías en un asiento al lado de alguien que te molesta? o ¿prefieres sentarte al lado de alguien amable y con el que sentirte bien?. Es una decisión personal, aunque es cierto que una persona amable a tu lado te hará el viaje mucho más llevadero, ¿no?

No juzgar, ni a uno mismo, ni a los demás

Los juicios hacen mucha pupa. Cuando son a uno mismo generan enfado, rabia o baja autoestima, pero cuando son hacia otro también puede generar enfado, enfrentamiento o distanciamiento. Decide si te merece la pena llenar las decisiones de juicios o respetar tus decisiones y las de los demás, eso creará más confianza en uno mismo y en los demás, además de generar armonía.

Permitir todas las emociones y aceptarlas

Parece que cuando uno quiere ser feliz se le niega la posibilidad de estar triste,  de llorar, de sentir dolor. Todas esas emociones son parte de la vida y como tal, hay que vivirlas. Si no te alegras porque te han invitado a la mejor fiesta del mundo, hay que respetarlo. Si estás triste porque llegan las navidades, habrá que permitirlo. Este es un vínculo a un artículo que escribimos sobre este tema que te puede resultar interesante.

No se trata de “tener” se trata de “ser”

Nos enseñan a tener y tener más, y es importante pero nos olvidamos de ser. A veces es importante recuperar lo que uno quiere ser y dejar de lado el tener y tener más. he encontrado un video sobre esto que espero que te guste.

En definitiva es importante pensar que tu objetivo es ser feliz, por ello no hay que dejar de cumplir ni de sentir otro tipo de sentimientos.