¡El estrés me está enfermando!, es algo que escucho en la consulta muy a menudo. El estrés prolongado, es una de las lacras de nuestra época. El cerebro es el mecanismo más intrigante y perfecto que se ha creado. Controla el sistema nervioso autónomo,  el sistema endocrino y el sistema inmunológico para regular los neurotransmisores, glucocorticoides, hormonas y citoquinas. De tal forma que su interacción en situaciones normales hacen que se mantenga un equilibrio homeostático del organismo. Al fin y al cabo, si todo está en orden, este equilibrio nos ayuda a mantenernos sanos.

Muchas veces estamos inmersos en la importancia de los genes para evitar enfermedades y afortunadamente es así. Pero eso no quita para que tras periodos de estrés crónico el organismo sano, sea susceptible de padecer esas enfermedades.

El estrés no es solo el exceso de tareas,

sino que está muy relacionado con la interpretación que nosotros hacemos sobre el entorno frente a situaciones inciertas o fuera de nuestro control.

Cuando el estrés me está enfermando, si no hay una buena gestión emocional, esa acumulación de tareas por las demandas ambientales puede llegar a generar distorsión. Entorpece la habilidad del organismo para responder adecuadamente, produciendo un desgaste en las funciones de los sistemas antes mencionados.

McEwen, del Laboratorio de Neuroendocrinología de la Universidad Rockefeller, Nueva York, EE.UU, en uno de sus artículos publicados en 2006 definió el concepto Allostatic Load. En él afirma que el estrés prolongado en el tiempo puede acelerar los procesos de enfermedad, provocando desequilibrios químicos, desorden en el periodo de sueño y en algunos casos, atrofias en algunas estructuras cerebrales.

El estrés no es malo, es más, es uno de los mecanismos de defensa más efectivos del ser humano,

A corto plazo es el motor principal para que los resultados sean alcanzables de manera exitosa.  Protege al organismo y a la vez da pie a su adaptación al medio. El cuerpo, ante la incertidumbre y la falta de control interpreta el entorno como una amenaza reaccionando de forma inmediata. ¿Cómo?,  mandando al cerebro el mensaje de alerta. Éste reacciona activando todo el sistema nervioso para defenderse de esa supuesta amenaza. Provoca ciertas activaciones en el organismo, como taquicardias, sudoración excesiva, contracción del músculo ciliar, y una serie de cambios que ancestralmente suponía la vida o la muerte. Pero actualmente esos cambios nos ayudan a reaccionar ante una posible amenaza de forma demasiado exagerada.

El problema surge cuando ese estrés se prolonga en el tiempo convirtiéndose en estrés crónico,

Cuando el nivel de estrés supera el límite personal de forma constante comienza a ser peligroso. Es ahí cuando los efectos se van acumulando provocando alteraciones importantes en la respuesta fisiológica del cuerpo.  Afecta a la producción de elementos reguladores como el cortisol, adrenalina, insulina, endorfinas o citoquinas imprescindibles para un correcto equilibrio de nuestro organismo.

Muchos de esos desequilibrios llegan a culminar alterando parte de las neuronas del hipocampo desembocando en problemas de memoria, debilidad en el sistema inmune y otros síntomas psico-fisiológicos.

El estrés prolongado influye directamente en los  procesos inflamatorios causando ciertas enfermedades como asma, alergias respiratorias,  enfermedades cardiovasculares, artritis reumatoide, insomnio, obesidad, diabetes tipo 2, fatiga crónica o depresión.

Es importante para no caer en un estado de estrés crónico, mantener un nivel de vida adecuado

El estrés me está enfermando. Contar con el factor social es clave, es decir, las relaciones interpersonales se ha comprobado que son importantes para el bienestar. Además de una adecuada alimentación, la práctica de deporte, el no consumo de tabaco y la reducción de consumo de alcohol. También hay que añadir una adecuada gestión de las emociones y entrenamiento del individuo  en relajación para reducir los niveles de estrés. Uno de los métodos de relajación ancestral que hoy en día ha tomado mucho interés, es el denominado  Mindfulness, que ha tenido un nivel de aceptación muy interesante en el campo de la psiconeuroinmunoendocrinología. Además del entrenamiento para una gestión adecuada de las emociones, esta disciplina de meditación puede resultar extraordinaria para mantener un equilibrio entre cuerpo y mente. Muy útil para inducir a la relajación y aumentar la concentración.

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