La ansiedad es diferente para cada persona y de intensidad diversa. Hay diversos síntomas que se manifiestan ante un episodio de ansiedad como, sudoración, molestias digestivas, mareo,  inestabilidad…

A veces se asocia a la sensación de un “nudo” en el estómago o una presión en el pecho. Un estado de ansiedad puede llegar a provocar dificultades a la hora de prestar atención, puede dificultad la concentración y la memoria.

En muchas ocasiones detectamos despistes absurdos o impensables que nos hacen dudar de nuestras capacidades. Estos despistes muchas veces vienen provocados por estados de ansiedad que puede pasar inadvertido al ser un ritmo al que uno está acostumbrado.

Hay personas a las que les afecta más en el aspecto social y tienden a manifestar irritabilidad, bloqueos de comunicación, pérdida de memoria inmediata, o miedo para expresarse.

Cuando una persona experimenta una situación de tensión,

preocupación o alerta irracional durante un periodo continuado en el tiempo (se propone seis meses de duración) podemos estar hablando de un trastorno de ansiedad. Los desencadenantes de este fenómeno se desconocen. Aunque es evidente que la exposición de larga duración a situaciones estresantes favorece la aparición de este trastorno.

Hay momentos en los que las preocupaciones no poseen la dimensión tal nociva para provocar estrés, pero incluso en esas situaciones, el estado de ansiedad no puede ser controlado.

Cuando este estado repercute en el día a día, de forma que perjudica el bienestar y la calidad de vida de la persona de forma reiterativa, es necesario acudir a la ayuda profesional. El trastorno de ansiedad puede llegar a dificultar el sueño provocando insomnio, o incluso, después de haber dormido, tener la sensación de no haber descansado, ya que la ansiedad puede dificultar conseguir el sueño reparador. O problemas estomacales que pueden confundirse con otros problemas físicos digestivos.

A veces no existe un diagnóstico estrictamente adecuado sobre este trastorno. Dado a que puede confundirse con otras enfermedades físicas, la forma de detectarlo actualmente es descartando otras posibles causas clínicas funcionales. El profesional una vez comprobado el buen estado físico deberá estudiar otros aspectos de la persona, sociales, laborales o familiares.

Existen muchos tipos de tratamientos para el trastorno de ansiedad,

La terapia cognitivo-conductual en estos casos es altamente eficaz, ya que ayuda a detectar pensamientos y conductas que provocan ese malestar. Orienta a la persona en el aprendizaje de nuevas alternativas de pensamiento y conducta para conseguir el equilibrio.

Es importante también el entrenamiento en relajación, el ejercicio de forma equilibrada, el descanso y la eliminación de alimentos que contengan estimulantes como cafeína o bebidas energéticas.

Existen fármacos que ayudan a reducir los síntomas de ansiedad, deben de utilizarse siempre,  bajo la supervisión de su médico o psiquiatra. Son fármacos que requieren de un control tanto en el inicio como en su fin. No puede suspenderse un tratamiento de forma espontánea ya que se requiere de una reducción progresiva para evitar problemas mayores. La automedicación puede llegar a ser muy perjudicial. Se debe consultar siempre con el profesional. 

 

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